EPIFANÍA: DÍA 24

“Y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

(Mateo 1: 21, RV 1960)

Este es Mateo narrando lo que había acontecido en relación al nacimiento de Jesús.

También nos recuerda que es que se cumplieron las profecías:

“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con Nosotros”.
(Mateo 1: 22 – 23, RV 1960)

Dios prometió estar en medio de su pueblo. En medio de ti. ¡Ahora en ti!

Las profecías se cumplieron: Jesús nació y se hizo hombre para el perdón de pecados.

¡Él es nuestra Salvación!

Las profecías se han cumplido y se cumplirán.

Me encanta ese pasaje que presenta a Jesús resucitado y se encuentra a dos hombres que no lo reconocen mientras iban camino a Emaús:

Ese mismo día, dos de los seguidores de Jesús iban camino al pueblo de Emaús, a unos once kilómetros de Jetusalén. Al ir caminando, hablaban acerca de las cosas que habían sucedido.15 Mientras conversaban y hablaban, de pronto Jesús mismo se apareció y comenzó a caminar con ellos; 16 pero Dios impidió que lo reconocieran”.

(Lucas 24: 13 – 16, NTV)

Estos hombres iban entristecidos porque habían crucificado “al profeta de Dios” y había muerto:

Era un profeta que hizo milagros poderosos, y también era un gran maestro a los ojos de Dios y de todo el pueblo. 20 Sin embargo, los principales sacerdotes y otros líderes religiosos lo entregaron para que fuera condenado a muerte, y lo crucificaron. 21 Nosotros teníamos la esperanza de que fuera el Mesías que había venido para rescatar a Israel. Todo esto sucedió hace tres días. (Lucas 24: 19 – 21, NTV)

Mientras, ¡tenían a Jesús vivo frente a ellos, caminando con ellos!

Jesús mismo les aclara que se habían cumplido desde siempre, se estaban cumpliendo y que se cumplirían tooodas y cada una de las profecías.

Como el mejor Maestro que es, pacientemente, sin prisa, dedicándoles tooodo el tiempo que tomaba recorrer este camino y totalmente concentrado en hacerles entender esta verdad a estos dos hombres que se lamentaban, les hizo un recuento de las profecías:

¡Qué necios son! Les cuesta tanto creer todo lo que los profetas escribieron en las Escrituras. 26 ¿Acaso no profetizaron claramente que el Mesías tendría que sufrir todas esas cosas antes de entrar en su gloria?

27 Entonces Jesús los guió por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles lo que las Escrituras decían acerca de él mismo”.

(Lucas 24: 25 – 27, NTV)

¡In-cre-í-ble! ¡Aleluya!

Jesús nos sigue enseñando pacientemente. Tomándose el tiempo necesario para que no seamos insensatos ni incrédulos… por medio de la Palabra y del Espíritu Santo. ¡Él es la Palabra!

Él vino y murió para salvación del mundo, pero continúa caminando con nosotros.

¡No nos entristezcamos! ¡Recordemos que todo se ha cumplido y se cumplirá!

Dentro de todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor, en nuestras propias vidas, Él es la Luz que alumbra al mundo.

¡Te alumbra a ti y a mí! A cada situación que hemos enfrentado y que continuamos viviendo

Por eso, hoy Jesús nos recuerda que Él es nuestra esperanza.

Que sí saldremos de la tristeza, de la depresión, de la soledad, de la enfermedad, de la escasez…

Y que aun en medio de ellas, Él derrama Su amor, Su paz y Su gozo.

¡Él camina contigo, va a tu casa y se sienta a cenar contigo!

Así es en el Nombre de Jesús, Amén.

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