EPIFANÍA: DÍA 18

“Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho”.

(Lucas 2: 20)

¡Los pastores! Ellos tuvieron el privilegio de ver antes que cualquiera otro el gran milagro del nacimiento de Jesús.

A ellos también les fue anunciado a través de un ángel este gran acontecimiento.

La Palabra dice que estos pastores velaban y guardaban en las vigilias de la noche a sus rebaños.

¡Qué “casualidad”! Jesús es el Buen Pastor, el que da y, en efecto, dio su vida por las ovejas. Y estos pobres y humildes fueron los invitados de primera fila.

También me recuerdan a David, quien siendo el hijo menor y quien se dedicaba a cuidar las ovejas de su padre, fue el escogido y el ungido de Dios para ser el rey de Israel.

A estos pastores, quienes estaban en plena faena, de noche, vigilando y guardando a sus ovejas, despiertos, se les apareció un ángel.

Entonces, la gloria del Señor los rodeó de resplandor y sintieron temor; al igual que a Zacarías, que a María y ahora a los pastores.

¡No es para menos! La gloria de Dios, quien ya se había manifestado al mundo con el nacimiento de Jesús, se les manifestaba ahora a los pastores, a los que vigilaban despiertos.

¡No había por qué temer! El ángel les traía una gran noticia que les produciría un gran gozo. No solo a ellos, sino a todo el pueblo.

Y esta alegría y gozo es la que debe embargarnos a nosotros. No temamos.

Mantengámonos vigilantes porque el Señor siempre nos trae buenas nuevas de salvación.

El Salvador nació, creció, murió, resucitó y está vivo, tan vivo como lo desees en tu vida y en tu corazón.

“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2: 13-14).

¡Esa siempre ha sido y es la voluntad de Dios para con el hombre: ¡PAZ! ¡Buena voluntad para ti y para todos!

Por eso los ángeles y también nosotros lo alabamos y adoramos… Porque Él sí quiere que tengamos paz, gozo y que nuestras vidas sean llenas con el poder de Su amor.

Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.

16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.

18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.

19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho”.

Es tiempo de maravillarse por lo que el Señor está haciendo y hará en nuestras vidas. Es tiempo del gozo del Señor.


Es tiempo de glorificar y de alabar a Dios, ¡porque todo será como se nos ha dicho!

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