EPIFANÍA: DÍA 13

“En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá;

40 y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet.

41 Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,

42 y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

43 ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?

44 Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

45 Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor”.

Cuando Elisabet oyó el saludo de María, la criatura que llevaba en su vientre saltó y Elisabet fue llena del Espíritu Santo.


Sucedió cuando a la que Dios, a través del ángel, había saludado: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres!” [Lucas 1: 28].

Luego, en el v. 30, el ángel le dijo que no temiera porque ella había hallado gracia delante de Dios.

María, a quien Dios había escogido para que fuera la madre de Jesús. A la que el Espíritu Santo fue sobre ella y a la que el poder del Altísimo cubrió con su sombra. A la que llevaba en su vientre el Santo Ser, el Hijo de Dios.

Cuando saludó a Elisabet, la criatura saltó en su vientre y fue llena del Espíritu Santo.

Ambas cargaban en sus vientres grandes promesas del Señor. Ambas tendrían hijos que cambiarían la historia de la humanidad, pero a quien María cargaba en su vientre era al Santo, al Hijo de Dios.

Por lo tanto, cargaba la misma presencia de Dios, ¡porque era Dios! María se había convertido, por decirlo así, en el lugar donde habitaba Jesús. El poder de la sombra del Altísimo la había cubierto, el Espíritu Santo había venido sobre ella.

Por lo tanto, ¿qué aroma desprendía María? El de Jesús. ¿Qué presencia cargaba, portaba? La de Jesus. ¿Qué podía manifestarse en María y a través de María? ¡Jesús!

Y ahora, no solo María, sino que Elisabet había sido llena del Espíritu Santo. Y la criatura saltó de ALEGRÍA en su vientre.

Cuando el Espíritu Santo nos arropa, cuando el poder del Altísimo nos cubre con Su sombra, cuando lo que cargamos es al Santo Ser en nuestros corazones, cuando estamos llenos de Su Presencia, nuestras vidas y la de los que nos rodean son tocadas y transformadas.

Para bien o para mal, si es que asumimos posturas como la de Herodes o como la de los fariseos o como la de aquellos que acusaron a los 120 del Aposento Alto de estar borrachos.

Me gozo con la manera en que Dios se burla de los burladores. Cómo sus planes se llevan a cabo a pesar de los Herodes. Cómo nadie, ni el mismo infierno, puede detener los planes de Dios y lo que ya ha dictaminado.

¿O hubiede sido María la escogida si tal decisión hubiese recaído en manos de los fariseos y principales de la sinagoga? Pero estas dos mujeres comparten grandes secretos que jamás nadie pudo imaginar. ¡Ja! ¡ALELUYA! ¡Las maneras de Dios!

Me conmueve y me llena de esperanza, fortaleza y regocijo cómo transforma lo que para otros es estéril, cómo para lo que los demás no tiene remedio.

Lo que no puede dar fruto ni vida, Dios lo vivifica, Dios le imparte su soplo de vida y hace cosas grandes y maravillosas.

Me conmueve y me llena de gratitud Su bondad, Su benignidad, Su compasión y Su misericordia.

Lo demás…cuando hemos sido impactados por el Espíritu Santo no pueden haber celos ni envidias… Elisabet recibió la revelación de que el hijo que cargaba María en su vientre era el Señor.

Esto la sobrecoge y se sabe bendecida e inmerecedora del privilegio de ser visitada por la madre de Jesús. Y se alegra y reconoce que María ha sido escogida y que el favor y la gracia de Dios ha sido con ella.

Todo lo contrario a lo que pudo haber sentido. En un mundo lleno por la obsesión del protagonismo, de la atención… Elisabet también había reaccionado, al igual que María, con un corazon humilde, agradecido, obediente, lleno de regocijo y alabanza por lo que estaban viviendo y, aún más, por lo que implicaba para la historia de la Salvación y Redención del mundo.

Contrario a la actitud de los hermanos discípulos de Cristo, a quien su madre le pide a Jesús que los siente a su derecha y a su izquierda dándoles lugares preferenciales.

Estas dos mujeres nos enseñan el valor de la humildad, de la sencillez, de la obediencia, de la gratitud por reconocerse inmerecedoras de dicha gracia y favor.

Por otro lado, se nos presenta a la mujer en un papel relevante en el plan salvífico del mundo. Es a través de una mujer que Jesús se hace presente en la Tierra, entre los hombres. La mujer que, en aquella cultura y en aquel tiempo, estaba relegada.

Y todavía hoy hay quienes no entienden que la mujer es creación de Dios y que desde siempre, Dios le ha dado un lugar preponderante en el servicio a Él.

¿Puede realmente alguien amar a Dios cuando no ama lo que Dios ama? ¿Es eso obediencia? ¿Es eso un corazón rendido a Su voluntad y a los principios de Su Reino?

¡Danos, Señor, la llenura de tu Espíritu Santo y la revelación de a quién hemos recibido por gracia, en el Nombre de Jesús! Amén.

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