EPIFANÍA: DÍA 8

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto?, pues no conozco varón.

(Lucas 1: 34)

¡Me encanta esa pregunta! ¿Te la has hecho alguna vez luego de haber recibido una promesa de parte del Señor? Es muy posible que sí.

“Señor, tú dijiste que mi esposo (a)…”, “Señor, tú dijiste que mi hijo (a)…”, “Señor, tú dijiste que mi padre o mi madre…”, “Señor, tú dijiste que mi nieto (a)…”, “Señor, tú dijiste que pronto…”, “Tú me dijiste que…”

“Pero…¿cómo será esto?”, racionaliza nuestra mente considerando el mundo natural, o sea, lo que ven mis ojos.

Entonces, no hay forma… ¡Es imposible!

“¿Cómo lograré eso que Tú dices si yo…”, pensó y verbalizó María.

Eso que Dios nos prometió y que es muy difícil, que es prácticamente imposible… ¡Solo un milagro de Dios!

¡Exactamente! Solo Él puede hacerlo.

“¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”, le inquirió Jesús a Marta cuando su hermano Lázaro murió y el resultado fue que Lázaro resucitó.

A Abraham, Dios le dijo: “Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4: 17)

“¿Y cómo será esto?”.

Según las Escrituras, a la manera de Dios para quien todo es posible.

“¡Porque NADA HAY IMPOSIBLE PARA DIOS!”.

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