EPIFANÍA: DÍA 6

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. (Lucas 1: 31)

Sin duda, este tiene que haber sido un momento inolvidable, impresionante, decisivo, que cambió la vida de María radicalmente. El momento de la anunciación donde por fin el ángel entrega el mensaje que Dios había ordenado se le diera a María.

Un momento, en el que han ido ocurriendo muchas cosas a la vez, inesperadas, sobrenaturales que se iban dando de una forma vertiginosa y progresiva.

En cada segundo, cada palabra que escuchaba María encerraba una revelación profética de sucesos que fueron pensados, planificados y diseñados por la mente de Dios.

Que habían sido decretados por Su voluntad, Su Gobierno y Soberanía. A la vez, habían sido el producto del corazón amoroso de Dios.

Aún más, María escuchaba el anuncio del cumplimiento de las promesas de Dios para la salvación del mundo. Un anuncio que confirmaba unos acontecimientos que marcarían la historia de María, tu historia, la mía y la del mundo entero por los siglos de los siglos.

El anuncio de una de las más importantes epifanías, una de las más importantes revelaciones de Dios, ahora en la persona del Hijo, al hombre y la mujer.

El anuncio de la encarnación del Mesías al cual debería dársele el nombre de Jesús.

¿Cómo reaccionaría María ante tal anuncio? ¿Recuerdas cómo reaccionaste tú cuando escuchaste el anuncio de Jesús en tu vida?

Ese suele ser uno de los momentos más significativos del creyente.

Ayúdame a orar para que Jesús nos sea anunciado a lo largo de nuestras vidas. No solamente anunciado, sino para que nos sea revelado y produzca en nosotros vida y vida en abundancia.

También una fe fortalecida, una esperanza renovada. La manifestación de Su amor que ha sido derramado en nuestros corazones. La paz (salud, bienestar, prosperidad) que sobrepasa todo entendimiento. Y el gozo de la salvación.

Ayúdame a orar para que les sea anunciado y Jesús se revele a todos los que aún no lo conocen, como la Luz del Mundo, Salvador y Redentor. Como el Ungido de Dios. Amén.

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