EPIFANÍA: DÍA 4

“Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta”.

(Lucas 1: 29 RVR 1960)

Las Sagradas Escrituras especifican que María se turbó por las palabras del ángel. No necesariamente por el ángel.

De hecho, dice que María pensó en qué clase de saludo era ese: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres”.

Creo que la mayoría de nosotros quedaríamos sorprendidos si viéramos a un ángel, a menos que estés acostumbrada (o) a verlos.

Sin embargo, María se sorprendió, se turbó por las palabras, por el saludo del ángel.

María era una virgen, pobre y humilde, de la ciudad de Nazaret, en Galilea; y desposada con José, el carpintero.

¿Por qué? ¿Cómo es que se le aparecía un ángel y, en especial, por qué y cómo era aquello de llamarla “muy favorecida”, aquello de decirle que “el Señor es contigo” , y eso de que era “bendita tú entre todas las mujeres”?

Pues, sin importar cómo se sintiera ella al respecto: sorprendida, turbada, indigna de recibir semejantes palabras y, más aún viniendo del mismo cielo…

Sintiéndose, además, inmerecedora de aquel saludo al comprender bien, según ella y los demás que era solo una jovencita con una vida ordinaria, en un lugar remoto y sin casi ninguna oportunidad de cambios significativos en su vida como no fuera, finalmente, su boda...

Prepárate para recibir mensajes del cielo, mensajes de Dios a través de Su Palabra, de Su Santo Espíritu… ¡Siempre!

Él nunca dejará de hablarnos. Su deseo es siempre comunicarse. Escucharnos y hablar también.

Si has sentido que hace tiempo no te habla, no te dice nada, no te contesta, pídele en oración, que te hable. Dile que quieres escucharlo.

Exprésale tu necesidad de Él, de Su Presencia, de Sus Palabras.

Claro, es muy posible que quedemos turbadas (o) y que sintamos que no somos merecedoras de ese trato tan especial que siempre tiene para Sus hijas(o).

De lo que sí estoy segura es de que el mensaje vendrá directamente de su corazón. Que ese trato delicado es genuino.

Ten por seguro que, no importa cuán turbada (o) y sorprendida (o) quedes, su saludo augura un mensaje, una llamado, un envío, una comisión muy importante para el Reino de los cielos; te incluye a ti, a tus seres queridos, a la Iglesia del Señor, al mundo, Sus planes y propósitos eternos.

Padre, que podamos escuchar en nuestro corazón cómo retumban tus Palabras, tus Saludos, aunque quedemos turbadas (os).

Danos favor y gracia para recibir con temor reverente y humildad tu Presencia, la de tus mensajeros. Tu hermoso y amoroso trato.

Te lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.

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