¡LLUVIA!

Oh, Jehová, tú me has examinado y conocido. (2) Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. (3) Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. (4) pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. (5) Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. (Salmo 139: 1-5)

     Esta noche está lloviendo. Llueve fuerte afuera y el olor a lluvia logra impregnar todo el lugar.  Cada gota emite un sonido al caer sobre el pasto, sobre los árboles, sus ramas y sus hojas…

     Y siento que te escucho, que escucho Tu voz agradable diciendo: “Soy Yo. Yo que vengo a acompañarte, a hacerte compañía, a acabar con tu soledad.

     Anhelo hablar contigo y todavía estás despierta. Quiero que me sientas y sé que te encanta la lluvia.

     Vengo a empaparte con mi Presencia. Vengo a abrazarte, a cuidarte, a decirte que siempre estoy contigo.  Yo nunca te dejo y nunca lo haré. Es más, pronto nos veremos cara a cara. Tú y los tuyos.

He entrado a tu cuarto mientras me hablabas. Confesabas tu sequía, tu necesidad de mí.

     Clamabas por mi ayuda, rogabas por mi auxilio, por mi intervención divina, inmediata y poderosa que lo cambia todo.

     Pedías perdón por tu falta de amor y de paciencia. Sé de tu deseo de ser mansa como Mi Hijo. Sé de tu empeño por dar frutos. Mi Gracia, Mi Palabra y Mi Santo Espíritu podrán ayudarte.

     Yo estoy. Yo siempre estoy. Abrázame fuerte. También me hace falta que me digas que me amas y que me extrañas.  ¡Escucha! Cae la lluvia como recordatorio de mi amor por ti, de mi bondad y mi fidelidad.

Cada vez que llueva, recuerda que estoy justo a tu lado, que vivo dentro de Ti. Que te arropo con Mi Presencia. Que quiero solo bien para ti. Que cuido cada momento de tu existencia.

     Basta con que me mires, con que me hables, de corazón a corazón. No te preocupes mucho por las palabras. Yo te puedo entender porque no hay nadie que te conozca mejor que Yo.

No puedes ocultarme tus preocupaciones, tus angustias y molestias, tus temores ni los deseos más secretos.  Sé que tu corazón está lleno de amor, de alabanza, adoración y agradecimiento.

Puedo escuchar con toda calma tooodas tus peticiones.      Puedo escuchar, comprender y responder tu clamor, tu gemir y tu llanto.

      ¡Anímate! Mañana será un nuevo día lleno de mis misericordias.  Duerme tranquila. ¡Yo velaré tu sueño!”

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