¿POR QUÉ NO DUERMES? 2

El profeta Elías no podía dormir.  Deprimido, deseaba morir desde el momento en que recibió la amenaza de muerte de Jezabel por haber matado a espada a todos sus profetas.

¿Que Elías no podía dormir?, pero si el texto dice que se echó a dormir debajo de un enebro. Entonces, ¿cómo que no podía dormir?

El profeta se echó a dormir, pero en dos ocasiones un ángel lo despertaba; no lo dejaba dormir.

La primera vez lo despertó y: “Y  echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come”. (1 Reyes 19: 5, RV 1960)

¡Ah! ¡El ángel lo despertó y le ordenó que se levantara! Entonces: Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse”. (1 Reyes 19: 6, RV 1960)

Pero…¿cómo? El profeta acababa de presenciar una manifestación grandiosa de un mensajero de Dios, de un ángel que se le aparece, le habla y le prepara comida y Elías no parece sorprenderse.  Simplemente bebió, comió y se quedó dormido nuevamente.

Su cansancio debió ser enorme. Su cansancio, no solo físico, sino mental y espiritual. También su temor, su desesperanza, su deseo de morir.

 El insoportable estado de su vida y de su realidad ante una amenaza de muerte, ante la posibilidad de que todo terminara nubló su mente, su visión, su capacidad para creer que Dios lo protegería, lo defendería y lo respaldaría una vez más. 

Olvidó que Dios le daría las instrucciones tal y como lo había hecho antes y que la victoria sería suya otra vez. Por eso, volvió  a dormirse. 

¿¡El hombre de Dios?!  Sí, el hombre de Dios.  Los hombres y las mujeres de Dios también se cansan, se desaniman, se sienten solos como Elías, que pensaba que era el único profeta de Dios que quedaba; y, además, los hombres y las mujeres de Dios sienten un vivo celo por Él.

Entonces, no fue que perdió el sueño… No, pero no podía dormir porque el ángel volvió a despertarlo y esta vez para darle instrucciones:Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta”. (1 Reyes 19: 7, RV 1960)

¿El resultado? Ya lo conocemos: Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios”. (1 Reyes 19: 8, RV 1960)

Es posible que luego de una gran victoria, el enemigo se levante y nos quiera intimidar con sus amenazas, sus planes y ataques.

Entonces, como Elías, nos sentimos cansados, deprimidos, con incertidumbre porque no sabemos qué sucederá.

Ya no tenemos fuerzas para continuar y muy probablemente hasta querramos abandonarlo todo.

Sin embargo, el Señor nos encontrará, incluso durmiendo bajo el enebro. Nos ayudará, nos alimentará y saciará nuestra sed.

Y es muy posible que aún así no sintamos las fuerzas para levantarnos nuevamente; pero Él no se irá. Elías bebió y comió dos veces antes de recuperar sus fuerzas y poder levantarse otra vez.

Así mismo, el Señor volverá a llamarnos, volverá a levantarnos.  No nos dejará sintiéndonos derrotados y acabados.

 ¡No! No hasta que la misión que se nos encomendó haya terminado.

¡Levántate!  ¡Come! ¡Recibirás nuevas fuerzas! …porque largo camino te resta.


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