¡VEN!

“Señor, si eres tú , ̶ respondió Pedro- mándame que vaya a ti sobre el agua.  Ven  ̶ dijo Jesús”. (Mateo 14; 28-29, NVI)

¡Qué invitación tan grande!  No solo era “ven”, sino que para que Pedro pudiera llegar a Jesús tendría que caminar como Jesús, caminar sobre el agua. Para eso, tendría que vencer el miedo y confiar en Jesús.  También nosotros anhelamos caminar como Él.

Muchas veces, somos intrépidos como Pedro y le expresamos nuestro deseo de hacer algo para Él porque queremos hacer las cosas que Él hizo y le pedimos  que nos ayude en eso.  

Era necesaria la ayuda de Jesús y Pedro lo reconoce. Reconoce que sin Él, no podría lograrlo.  Por eso le dice: “…mándame que vaya a ti sobre el agua”.  Entonces,  el Señor nos sorprende porque como a Pedro nos contesta: ¡VEN!

A fin de cuentas, eso es lo que Él quiere, que seamos como Él, así que por qué nos sorprendemos cuando Él asiente, cuando Él  responde afirmativamente y nos llama.

Este es un pasaje bíblico impresionante que muchos conocen muy bien.  Sin embargo, nunca deja de sorprender y el Espíritu Santo nunca termina de darnos iluminación acerca del mismo como no lo hace con toda la Palabra.  Siempre hay más en el Señor. ¡Él es infinito! No tiene final.  Él es el Alfa y Omega.

En este texto específicamente, entre otras cosas, se puede observar que:

1. Jesús se revela una vez más a sus discípulos de una forma no conocida para ellos: Es un nuevo descubrimiento de un aspecto de Su naturaleza.  Por eso, al calmarlos y expresarles que no temieran, dice algo más que es muy importante: “Soy yo”.  De manera que, si los discípulos se asustaron y pensaron que se trataba de un fantasma, fue porque no conocían que Jesús era capaz, no sabían que tenía el poder para caminar sobre las aguas y nunca lo habían visto hacerlo.

Sé que el testimonio de otras personas y constatar las grandezas que ha hecho en ellas, nos ayudan a conocerlo más y a fortalecer nuestra fe. Sin embargo, eso no significa que Él no pueda hacer algo totalmente nuevo y no visto por ti, por mí y por cada uno de nosotros.

A Jesús le encanta tanto revelarse,  que cada vez lo hace de una forma distinta.  En cada ocasión revela un aspecto distinto de Su naturaleza, naturaleza que no acabamos nunca de conocer; y que con cada revelación afirma nuestro conocimiento de Él y, a su vez, nos acerca más a Su Persona.  

Dios nunca dejará de revelarse a cada uno de nosotros de formas nuevas y distintas por medio de Su Palabra, de su Santo Espíritu, de las experiencias que nos permite tener con Él…  Por eso, esa sería una gran oración: pedirle al Padre, en el Nombre de Jesús, que se nos siga mostrando. Que continúe dándonos iluminación por medio de la Palabra para crecer en el conocimiento de Él.  Que el Espíritu Santo nos continúe enseñando todas las cosas y llevándonos a la Verdad.  

De hecho, esa es una de las oraciones  del apóstol Pablo.  Pablo le deja saber a los efesios y a los colosenses que siempre está orando por ellos en ese sentido:

Los recuerdo constantemente en mis oraciones y le pido a Dios, el glorioso Padre de nuestro Señor Jesucristo, que les dé sabiduría espiritual y percepción, para que crezcan en el conocimiento de Dios.  Pido que les inunde de luz el corazón, para que puedan entender la esperanza segura que él ha dado a los que llamó  -es decir, su pueblo santo-, quienes son su rica y gloriosa herencia. (Efesios 1: 15-18, NTV)

Así que, desde que supimos de ustedes, no dejamos de tenerlos en nuestras oraciones.  Le pedimos a Dios que les dé pleno conocimiento de su voluntad y que les conceda sabiduría y comprensión espiritual. (Colosenses 1: 9, NTV)

2. Jesús es Omnipotente: En el Evangelio de Juan, este explica el propósito del libro, refiriéndose a las Sagradas Escrituras.  Este pasaje demuestra que el poder de Jesús era y es tan grande que llevó a cabo muchas más obras y dio muchas más señales de su poder, pero que no se escribieron porque no cabrían en este libro.  

Las que sí se incluyeron, se escribieron con el propósito de que creamos que Jesús es el Hijo de Dios.  Esto implica que no podemos pensar que Su poder se supedita a lo que aparece solo en la Biblia.  Además, aunque pudiéramos imaginar, nunca llegaríamos a saber y comprender en su totalidad las obras que hizo cuando estuvo entre nosotros como hombre ni las que continúa haciendo. Juan dice:

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. (Juan 20: 30, RV 1960)

Los discípulos vieron a Jesús hacer muchas otras señales además de las registradas en este libro.  Pero estas se escribieron para que ustedes continúen creyendo que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, al creer en él, tengan vida por el poder de su nombre. (Juan 20: 30-31, NTV)

3. Jesús desea que hagamos las mismas obras: Como buen maestro, Jesús les da una gran lección que también revela su carácter, su naturaleza: Jesús era el mejor maestro y deseaba compartir su conocimiento y su poder con sus discípulos.  

Él deseaba y necesitaba enseñarles a sus discípulos que eran capaces de hacer las mismas obras que Él.  De hecho, Jesús les ordena y esperaba que las hicieran en Su Nombre.  

Ese “Ven” que le expresó a Pedro es un mandato que no solo ordena, sino que afirma y da la convicción de que él podía hacerlo.  Si Jesús lo inquiría a ir hacia Él caminando sobre las aguas, quería decir que no solo podría hacerlo, sino que Jesús estaba invitándolo a hacerlo y aprobando el hecho de que lo hiciera.  No lo regañó, no lo amonestó diciéndole que ese tipo de milagro o de manifestación de su poder le pertenecía solo a Él. ¡No! Le estaba diciendo: “¡Ven! ¡Tú también puedes hacerlo!  ¡Créelo!  ¡Confía en mí!”.  

De hecho, su deseo era enseñarlos, equiparlos, adiestrarlos, entrenarlos en el poder de Su fuerza para que fueran capaces de cumplir con la comisión que se les encomendaría.  No se trata de caminar sobre el agua; se trata de que Su poder y autoridad son ilimitados en Él y que, de la misma manera, lo podía ser en ellos.  

¡Y en nosotros!  Lo mismo aplica para todos nosotros los que hemos creído que Jesús es el Hijo de Dios y que lo hayamos aceptado como Señor de nuestras vidas.  A Jesús le agradó que Pedro le pidiera semejante cosa  y, por eso, contestó su petición.  Por eso es importante que se nos revele, por eso la oración constante de Pablo de que crezcamos en el conocimiento de Cristo: porque de esa forma, no solo lo honraremos, sino que nuestra vidas darán toda clase de frutos y que estos serán buenos.  ¡TODA CLASE DE FRUTOS Y ESTOS SERÁN BUENOS!  Por tal razón, establece que desde antes de la fundación del mundo , nos llamó para buenas obras. 

Además, Jesús espera que seamos imitadores suyos.  El Señor desea que seamos como Él, que nos parezcamos a Él y Pedro deseaba serlo. Nosotros también debemos y podemos ser como Él, con Su ayuda.

Entonces la forma en que vivan siempre honrará y agradará al Señor, y sus vidas producirán toda clase de buenos frutos.  Mientras tanto, irán creciendo a medida que aprendan a conocer a Dios más y más. (Colosenses 1: 10, NTV)

Les digo la verdad. Todo el que crea en mí hará las mismas obras que yo he hecho y aun mayores, porque voy a estar con el Padre. (Juan 14: 12, NTV)

Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (Efesios 2: 10b)

Sed, pues, imitadores de Cristo. (Efesios 5: 1, RV 1960)

Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos.   (Efesios 5: 1, NTV)   

 4. Pedro reconoce a Jesús: Pedro sabía que el único que tenía el poder y que podría  conceder su petición era Jesús.  De manera que quedaría comprobado aún más que se trataba de Jesús cuando se vio caminando sobre el agua.

  • “Señor, si eres tú , ̶ respondió Pedro- mándame que vaya a ti sobre el agua.  Ven  ̶ dijo Jesús”. (Mateo 14; 28-29, NVI)

No importa lo que sea, como Pedro podemos decirle: “Maestro, si eres tú manda que yo…”, porque sabemos que siempre que esa sea Su voluntad, lo lograremos al mandato de Su voz.  Siempre que sea Jesús.  

Hoy Jesús nos invita a conocerlo de nuevas maneras y a que comprobemos que Él es Dios Todopoderoso.

Nos invita a ser intrépidos porque Él nos contestará como siempre que lo llamamos: ¡VEN!  

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