DIFERENCIA VS INDIFERENCIA 1

“El Señor dijo: Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.” (Hechos 8: 15 – 16)
El apóstol Pablo escribió sus cartas a las distintas comunidades de fe a raíz de su amor genuino hacia sus hermanos, ya fuesen líderes u “ovejas”.  Fue su amor por el Señor y, consecuentemente, hacia las almas lo que hizo la diferencia. 

Pablo era diferente. Pablo marcó la diferencia desde el momento justo en el que el Señor lo llamó. 

Nunca más pudo ser indiferente a la vida en tinieblas en las que vivían los que no conocían al Señor, al sufrimiento de los oprimidos por el sistema de gobierno y el propio sistema religioso de la época. 

Pablo se presentó delante de reyes y gobernantes tal y como el Señor se lo había avisado.  
Pablo no fue indiferente a las necesidades de sus hermanos, al progreso de las iglesias que establecía, tanto así que en algunos casos deseó ir por segunda y tercera vez para verificar dicho progreso, aunque en ocasiones le fuera imposible. 

A Pablo le importaban tanto los “nuevos” y los “viejos” convertidos, que se preocupaba por conocer el estado espiritual en el que las iglesias se encontraban.  

Identificaba conflictos entre hermanos, problemas o fallas, así como el peligro y la amenaza que representaban las falsas doctrinas que atentaban con la Verdad enseñada. 

Es que su vida fue diferente desde que el Señor lo encontró, lo llamó y lo comisionó. Ese fue un llamado a ser diferente, a hacer la diferencia. ¡Y vaya qué diferencia!

  El Evangelio que Pablo vivió no era un “Evangelio Light” como se titula y argumenta un libro.  Supo, desde el principio, que sufriría a causa del Evangelio. 

Tanto así que cuando Ananías le responde al Señor con temor y resquemor ante Su instrucción de que se levantara, fuera a la calle Derecha, buscara a Saulo de Tarso y le pusiera las manos encima para que recobrara la vista (Hechos 8: 11 – 12), el Señor lo tranquiliza diciéndole que Pablo sufriría mucho por Su causa: 

“El Señor dijo: Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.” (Hechos 8: 15 – 16). 

¡Pablo no podría, aunque quisiera, ser indiferente!  ¡Había sido marcado para ser diferente!

¿Recuerdas tú el día en que le dijiste que “Sí”  al Señor?  

Ese día dijimos: “Sí, Señor, estoy dispuesta a ser diferente. Renuncio a la indiferencia”.

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