ACEPTOS EN EL AMADO

22 | marzo | 2018

     Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones. (1 Pedro 3: 12a)

     En estos días he podido experimentar la convicción de la voz del Espíritu Santo:

     Me mostraba cuántos de nosotros hemos sido amados, llamados y escogidos por Dios para darnos salvación y para que participemos de la preparación de Su Iglesia desde nosotros mimos hacia afuera, hacia otros:

     “Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para salvación mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonisenses 2: 13-16).

      Eso lo sabemos todos. ¿Qué tiene de “especial”? Bueno, es que me mostraba cómo el Señor, por medio de Su Palabra y de Su Santo Espíritu quiere convencernos de que, efectivamente, fuimos pensados, diseñados y nos dio nombre desde antes de la fundación del mundo y el Señor no quiere que haya dudas al respecto.

     Él desea que nos convenzamos de Su amor y de Su aceptación y que no suframos más condenándonos, culpándonos y mutilándonos al pensar que seguramente se ha arrepentido. Todo a causa de una identidad en Cristo lastimada y distorcionada a causa de nuestras faltas, fallas, pecados del pasado y/o del presente; y, sobre todo, a causa de las mentiras de satanás.

     Es como si muchos se sintieran estancados, que no avanzan, que no se cumplen Sus promesas acerca de lo que hará en nosotros y a través de nosotros.

     Sin embargo, el reloj, el tiempo del Perfecto es perfecto. Él no se atrasa ni se adelanta.

     Es muy importante para el Señor que recordemos cuánto nos ama. Su Palabra dice: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31: 3).

     En 1 Juan 4: 19 dice que “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero”.

     Este es un buen momento para expresarle con sinceridad cómo nos sentimos. Él escuchará atentamente y responderá con amor, misericordia y bondad. Él lo comprenderá todo. 

    Aún mejor: Él responderá. Podrás recibir bálsamo, esperanza, paz, certeza. Tu fe será fortalecida y podrás hacerle frente a las mentiras de quien es padre de mentira.

     El Señor no se ha olvidado de ti ni de que te llamó y escogió. Él siempre está trabajando conforme a Su voluntad que es buena, agradable y perfecta y a Su Soberanía.

     Él se complace en darnos gracias (favor y gracia) de todo tipo para que podamos soportar “el día malo”.

      Levantemos a una nuestra adoración al Rey de reyes y Señor de señores…Al que es Digno y ofrezcamos sacrificio de alabanza. También acciones de gracias. Espera en el Señor. 

     Lloremos, si es necesario, pero en la Presencia de Dios. Pidamos, clamemos, roguemos supliquemos más que todo, por poder vivir en comunión y consagración conforme a Su Manual, la Espada del Espíritu Santo que es la Palabra de Dios.

     Hablemos con Él con confianza porque de todos modos, Él lo sabe todo (Salmo 139) y qué bueno. A Él no podemos engañarlo ni ocultarle nada. Tampoco queremos hacer eso. Todo lo contrario.

     El único que realmente puede ayudarnos en nuestra debilidad, en todo, es Él. ¡Y Él nos está diciendo que sí, que sí sabe cómo te sientes! ¡Que sabe por todo lo que has estado pasando! ¡Que te ama con amor eterno! ¡Que estemos quietos y conozcamos que Él es Dios!

     Bendícenos, Señor, a tus hijos e hijas amados, con toda clase de bendición del cielo, conforme a Tus riquezas en gloria, en el Nombre de Jesús. ¡Te amamos! Amén.


Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

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